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Lluís Homar engrandece el Prometeo de José Carlos Plaza en el Festival de Mérida

Estreno ante 2.400 personas, con excelente texto filosófico de Luis García Montero, lleno de diálogos que acercan el mito a la actualidad.

25 julio 2019 | Publicado : 03:07 (25/07/2019) | Actualizado: 19:31 (25/07/2019)

El eterno 'Prometeo' de José Carlos Plaza que se estrenó este miércoles en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida cosechó los aplausos del público, tras una célebre interpretación de Lluís Homar, que destacó por encima del resto del elenco en una obra filosófica en torno a la esperanza y la fe en el ser humano.

El veterano actor estuvo perfecto en su papel de anciano Prometeo, un personaje complejo que trata de reavivar la pasión del joven héroe que fue y convencerlo de que hizo bien entregando el fuego a los hombres. El Prometeo joven es Fran Perea, encadenado a una roca durante toda la obra, desde donde se resiste a revelar su secreto: el final de Zeus por medio del hombre.

La obra cuenta con la interpretación, aunque breve, de Amaia Salamanca, en el papel de Io, un personaje del que poco se conoce y que intervendrá en ese final que le espera al dios Zeus que quedó seducido por su belleza y después la condenó a vagar por caminos con una máscara de ternera.

Con un espléndido texto poético y filosófico, obra de Luis García Montero, este montaje cede todo el protagonismo a Lluís Homar, con diálogos que acercan el mito a la sociedad actual. El actor catalán muestra todas sus tablas, se le ve cómodo en su papel y se desplaza con seguridad sobre el escenario.

Un más que correcto Fran Perea y, Amaia Salamanca, que apareció en escena bajo un disfraz de vaca, del que se desprendió para mostrar lo bella y delicada que Esquilo hizo a Io, protagonizan una escena de amor de la que nacerá la descendencia de Prometeo para que un día un mortal sea capaz de destronar a Zeus.

PrometeoTodo transcurre sobre un escenario presidido por cuadros de la "sucia historia" de la humanidad, símbolos de guerras, esclavitudes, crisis y fracasos de ideologías y de religiones. Así, se ven pinturas de Goya como 'Los fusilamientos del 3 de mayo' y de Velázquez su 'Cristo crucificado'; 'La Libertad guiando al pueblo', de Delacroix'; o 'El nacimiento de Venus', de Botticelli.

A un lado se encuentra el sillón de estilo clásico donde descansa Prometeo anciano cuando no le toca hablar, y al otro permanece Prometeo joven encadenado a una roca sobre la que posa la estatua de un águila, la que le picará el hígado si no confiesa su secreto, le advierten.

El coro se presenta como parte fundamental en esta obra integrado por cinco personajes que representan la fuerza, la violencia, la crueldad, la libertad y la compasión. Lo conforman los actores Javier Ruiz de Alegría, Jorge Torres, Marco Perlas, Montse Peidro y Rocío Marín. Es el coro el que encadena a Prometeo al inicio de la función.

Destaca su vestuario, con largas telas que realzan su presencia, y el maquillaje, especialmente el de la fuerza, la violencia y la crueldad, con el rostro y cuerpo pintados.

Fuerza, violencia y crueldad son hombres, mientras libertad y compasión son representados por mujeres. Sus textos servían para amplificar el texto, que llevaba y traía a Prometeo desde la emoción a la razón y vicervesa.

También actúan en este Prometeo encadenado Alberto Iglesias, con el personaje de Hefesto; Fernando Sansegundo, que da vida a Océano; e Israel Frías, que interpreta a Hermes.

Sobre la escenografía, con un juego de luces que a veces oscurece la escena para enfocar al que tiene la palabra y darle más solemnidad al texto, destaca también la técnica del mapping sobre el frente escénico del Teatro Romano para situar al espectador en cada lugar.

La obra desgrana complejidad del texto y de los personajes pero, el espectador puede entender sin dificultad los mensajes sobre la humanidad, y más concretamente en torno al uso que el hombre hace del fuego, concebido más bien como símbolo de evolución, que puede usar para hacer el bien o para hacer mal. El uso y los abusos de poder, la confianza en el ser humano, la esperanza por un mundo mejor son otras cuestiones que se tratan.

En el tramo final del montaje, se ve cómo ese mismo fuego abrasa ese "desván de la historia" de la humanidad, donde además de cuadros hay algún instrumento musical.

La representación acaba con los dos Prometeo, el joven y el anciano, encadenados. José Carlos Plaza pone así fin a una tragedia que es eterna para el ser humano movido por las emociones y las creencias.

Prometeo es la sexta obra de la 65 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y tendrá otras cuatro funciones hasta el domingo. En su estreno, el graderío del Teatro Romano estuvo casi al completo, con más de 2.400 espectadores y, se prevé que haya lleno en la función del sábado.

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