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IN MEMORIAM. DANIEL SERRANO

07 diciembre 2015

El pasado jueves el articulista se encontraba de viaje. En un alto en el camino se le encogió el corazón al ver cómo penetraba desde Facebook-Hoy en las redes sociales, a través de la siempre inquieta sensibilidad del periodista Juan Domingo Fernández.

El pasado jueves el articulista se encontraba de viaje. En un alto en el camino se le encogió el corazón al ver cómo penetraba desde Facebook-Hoy en las redes sociales, a través de la siempre inquieta sensibilidad del periodista Juan Domingo Fernándezen las redes sociales, la noticia que hoy lamenta CáceresDaniel Serrano ha muerto.

Un profesor impecable, sencillo y riguroso, profundo y competente, inquieto, que dejó la huella de su impronta en las aulas de la ciudad, en las que se formaron miles de bachilleres y universitarios. Llegó al Instituto El Bocenseen 1960 con 36 años y su cátedra de Matemáticas recién salida del horno, lo que ya dejaba constancia de sus cualidades, tras pasar por el estrado de la Universidad de Salamanca, y, arrancando tiempo al tiempo, con esa polivalencia del mérito de los esforzados, con su llamativa blanca para no mancharse el traje con el polvillo de los trazos de la tiza sobre la pizarra, nos iba dejando constancia de su  calidad docente y humana. Mejor, humanista, que conformaba su perfil. 

Muy pronto se convirtió en un señalado innovador de la enseñanza en Cáceres, prestigió su nombre y, entre su competencia profesional, lo que es de justicia señalar, y su pasión combinada de paciencia por inducir al alumnado en la inquietud de las matemáticas, fue haciendo hueco para que los bachilleres se cultivaran en el disfrute de su asignatura.

Se hizo querer, a pesar de su rectitud, y, como un adelantado, fue transformando ese esquema de metodología hacia la modernización. Si bien es verdad que en aquel Instituto quedaba la estela de otros enseñantes matemáticos como Arsenio Gállego Hernández, Rodrigo Dávila Martín o Miguel Antonio Esteban, mientras más tarde alcanzaría la dirección del centro y, posteriormente, pondría el germen de la Escuela Universitaria de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas, creada 1975, que siete años después, en 1982, transformaría, a base de tesón, en Escuela Politécnica, con la puesta en marcha de Arquitectura Técnica e Informática. Escuela que hoy cuenta con cerca de dos mil quinientos alumnos, siete titulaciones de Grado y cuatro de Máster.

Toda una gesta que le llevaba a acertar y consolidar su capacidad para sacar adelante un esquema que de siempre le distinguió, tal como un día me comentara, cuando el autor de estas líneas cursaba Periodismo en la Universidad Complutense. "Hay que sacar adelante entre todos, como sea, la Universidad de Extremadura". Añadiendo, a la vez que hablaba en potencial: "¡Sería un paso adelante muy firme en el futuro para Cáceres y Badajoz!".

Y se empeñó en ello porque consideraba que su apuesta representaba una manera de forjar un campo que sembraría semillas de futuro en diversos ámbitos y generar expectativas: De abrir posibilidades a quienes no podían estudiar fuera de la tierra e ilusionarles con la apertura de las vías para una formación universitaria, de crear empleo en numerosos campos y áreas de servicios diversos, de prestigiar el nombre de Extremadura junto a un tema que le obsesionaba, la Universidad de la región. Todo ello, pues, con la objetividad por delante, parece evidente.

Don Daniel Serrano García se iba conformando, pues, como  un potencial de ideas razonadas y razonables, que irían germinando, afortunadamente, en frutos de prosperidad para una región que en aquel entonces, ¿por qué no decirlo? se pespunteaba como una zona deprimida.

El paso de los años iba demostrando día a día su  visión de futuro, ganando tiempo al tiempo, desde la tan deseada capacidad de espera, como buen estratega, mientras se aproximaba la puesta en marcha de la Universidad. Atrás quedaban, claro es, muchos diseños, muchas conversaciones, muchos números, muchas cifras. Y sobre todo un gran esfuerzo como el llevado a cabo por Daniel Serrano García, junto a otros nombres de relieve.

Combinó la enseñanza y su capacidad de proyección de la tierra con la circunvalación de la política alcanzando la presidencia de la Diputación provincial y dejando, a cada paso, la sensibilidad de su fervor cacereño que arrancaba en Malpartida de Plasencia, donde le nacieron. 

Don Daniel Serrano García también siguió desempeñando la docencia hasta última hora como profesor emérito de la Universidad de Extremadura, y dedicado a la enseñanza, en esas ulteriores lecciones, de la asignatura Fundamentos Matemáticos de la Arquitectura Técnica.

Hoy, con la imagen de don Daniel Serrano Garcíasemidifusa y clarividente al tiempo, en la pantalla del ordenador, trazando números y raíces cuadradas en el encerado, con su voz firme, con su nueva pedagogía, con su exigencia profesora, voy pasando revista a las páginas del tiempo que, lamentablemente, van volando en el calendario. 

Tal cual va cambiando la fisonomía de las calles y de la ciudad casi sin que nos demos cuenta, como si camináramos de puntillas, mientras que forjadores de la formación e ilusión en legiones de alumnos, bachilleres y universitarios, como es el caso de Daniel Serrano García, dejan su huella inserta en la historia de la ciudad, de la provincia y de la región.

Gracias, querido don Daniel, y que en paz descanse.

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