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CUARTA VÍA

25 mayo 2017

“La necesidad de reinterpretar la Socialdemocracia” El reordenamiento y puesta en valor del “Centro Izquierda”, a través del debate de lo “Público o Privado”.

En política, como en la vida, todo está inventado. Lejos quedan las bienaventuranzas de Anthony Giddens y su proclamas defendidas por el Primer Ministro Inglés Tony Blair y el Canciller Alemán, Gerhard Schröeder, en busca de un nuevo lugar a ocupar por la acomplejada socialdemocracia, que renacía de sus cenizas tras haber sufrido por las políticas liberales de la Thatcher y Reagan, vencedores en su pulso a obreros y a toda una potencia comunista, que tenía los días contados. La Tercera Vía resultó un experimento fallido.

Un resumen apresurado acerca de las intenciones de esta Tercera Vía, pasaría por considerarla como un experimento ideológico, que buscaba  “lo mejor de cada casa” para contentar a todo el mundo. Pero esas pretensiones unificadoras del espectro socialdemócrata y liberal, se han mostrado ineficaces con el paso de los años. El abanico político del centro que todo lo engulle, no puede defender populismos y patriotismos trasnochados, con todo lo que ello conlleva: una falta de identificación del electorado de izquierda, y porque no, de “centro izquierda”, que ahora busca “desorientado”, por culpa de sus políticos, entre en una amalgama de partidos, la consecución de sus idearios, dentro de sistemas democráticos que resultan impracticables.

Prácticas “Dialécticas” en política, intentan discernir lo correcto de lo incorrecto, aunque caigamos en el error de pecar de “actitud simplista” y “poco comprometida”, debido al “compromiso nulo” por parte de nuestros representantes. “Algo” resulta “bueno”, porque, inevitablemente existe “algo malo”, con lo que poder compararlo.

“La Dualidad Compleja” que encierra el  bipartidismo, se ha mostrado amable en el juego de la organización política, y el resultado es una izquierda fragmentada y débil. “. La izquierda que no sabe utilizar el campo del entendimiento organizativo como contraprestación, a una derecha organizada, está destinada a la extinción.

El pacificador de la Tercera Vía  que intentaba ocupar el centro, se ha perdido intentando cumplir con todo lo que deseaban, a su derecha e izquierda, sus “bienintencionados y acólitos seguidores”. El panorama fragmentado en el reparto de butacas en el Congreso y el Senado, nos ha enseñado que la Dualidad no ha desaparecido,  pero tenemos que redefinir a la izquierda y la socialdemocracia que nos ampara para evitar la ruptura de las posiciones comunes a la derecha del PP. Los últimos acontecimientos vividos dentro de las “infraestructuras” y “estructuras” de los partidos de izquierda, obligan a refundar estilos y políticas para no llegar a desaparecer, por culpa de la falta de un electorado ordenado y displicente que defienda “en los buenos y malos momentos” unas siglas en horas bajas. 

El objetivo debe pasar por el entendimiento de sus líderes y la formación de un bloque amplio, heterogéneo y dialogante de izquierdas (Entendamos que experimentos históricos como el del Frente Popular en 1936, consiguió contrarrestar la sangría en el número de votos, que volaron hacia la CEDA y que les hicieron perder las elecciones de 1933) El hartazgo político del electorado de izquierda, comprometido y formado en tiempos de democracia, se ha tornado intransigente dentro de sus propias filas, y resta valor al reordenamiento de los postulados de izquierda en búsqueda de una sensible cuota de poder, por parte de sus dirigentes, que los ignoran una y otra vez. Así no se ganarán las oportunidades de encontrar justificaciones políticas al hecho de ocupar cargos de responsabilidad en los diferentes órganos de representación local, autonómica y estatal, y poder desarrollar políticas que frenen al Partido Popular.

Las políticas socialdemócratas tienen sentido, en una sociedad, en la que la falta de oportunidades de base, para el conjunto de ciudadanos, no son cubiertas por agentes económicos externos. El “Estado de Bienestar” tuvo que ser creado de la nada, para poder hacer frente a los graves desequilibrios que el desarrollo económico estaba provocando. 

 Desde hace tiempo venimos asistiendo a la privatización y externalización en servicios educativos, sanitarios y de defensa, paso póstumo a la política de venta de activos valiosos del Gobierno, que nos dejaron en herencia Felipe González, Aznar y Zapatero (Pueden leer las notas sobre privatizaciones llevadas a cabo por cada Jefe de Gobierno, desde Felipe González a Aznar, al final del artículo). Las privatizaciones siguen las indicaciones de baremos económicos internacionales que buscan poner en manos privadas “la gestión de lo público” supuestamente amparados en una mejor organización y optimización de los recursos.

 Debe ser el Estado el que busque la satisfacción de esas políticas educativas, sanitarias y de defensa, en principio, deficitarias desde el punto de vista económico, para asegurar la satisfacción de las necesidades básicas en educación, sanidad, seguridad, energía y comunicación, del conjunto de ciudadanos.

 ¿Cuál debe ser nuestra postura en el debate abierto acerca de lo Público o Privado?

 Políticas económicas desafortunadas, que argumentaban la necesidad de la privatización de sectores estratégicos, justificando el poder llenar las arcas del Estado, en la búsqueda de la obtención de recursos para derivarlos a consecución de una mayor justicia social, se han tornado poco “productivas”  y engañosas para  la socialdemocracia.

 Todos los concursos de Licitación deben considerados “irregulares en formas y fondo” desde el momento en  que la convocatoria de los mismos, se considera completamente innecesaria. Pliegues de condiciones de licitación acatados de forma involuntaria o lo que es peor, alterados por desconocimiento jurídico del marco regulable de los mismos, nos alejan de nuestro ideario de la preeminencia de lo público. Basta con acudir a las definiciones de los conceptos de LICITAR y REGULAR y nos reafirmaremos en nuestras convicciones: LICITAR:

El “sistema por el que se adjudica la realización de una obra o un servicio, generalmente de carácter público, a la persona o empresa que ofrece las mejores condiciones” REGULAR: “Hace mención al acto de medir o realizar ajustes sobre una determinada cosa efectuando ajustes para optimizar el funcionamiento de un dispositivo o sistema o establecer las normas a las cuales debe adaptarse un objeto o individuo.”

 Gobiernos de mayorías absoluta que han privatizado recursos públicos, que podrían no ser rentables para conseguir liquidez para las arcas municipales, regionales o estatales, nos han alejado de la filosofía política que desde esta agrupación defendemos. “La Socialdemocracia que ampara al ciudadano con la regulación y el control de aquellos pilares sobre los que se asienta el tan malogrado Estado del Bienestar, debe volver a sus orígenes de servicio al ciudadano desde la responsabilidad de una gestión económica responsable, porque  lo público no es sinónimo de gratuidad, pero sí de CONTROL y REGULACIÓN. Debemos formarnos para poder actuar, en prevención de casos sangrantes de enriquecimientos y gestiones privadas ilícitas, que resten a los ciudadanos de las mismas oportunidades, debido a la “dejadez, poca preparación o inoperancia política, de corporaciones de carácter socialdemócrata”.

 Algún aspirante a optimista socialista, entre los que me incluyo, “sin derecho a apostatar”, vendrá a recriminarnos, que el PSOE,  disfruta de vida y milagros desde hace más de un siglo: “Ni una Dictadura de cuarenta años, ni los gobiernos de mayoría absoluta de Aznar, y ni siquiera Pablo Iglesias 2.0 y su PODEMOS, han podido acabar con todo lo que representó y representa.”

 Es un error pensar así, amigo, simpatizante y militante socialista, porque en política también se muere de éxito y la izquierda moderada corre grave peligro de verse superada por los acontecimientos que no está sabiendo leer.

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